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¡QUÉ ASCO! Imprimir E-Mail
[Mator]

Nací el primer día de otoño de la posguerra. El colegio no me gustó. Hacía frío y llovía mucho. Cuando llovía no había recreo en el patio.
El servicio militar me gustó menos aún, por grosero e inútil. 18 meses. La Universidad, en cambio, me entretuvo más. Había chicas y las tardes de domingo íbamos al cineclub. Con las extranjeras, en el seat 600, al Monte de El Pardo o a la Casa de Campo. Aprobé todo, pero nunca retiré el título.
Llevo 45 años vendiendo pólizas de seguro. Cierro los ojos y sólo recuerdo el miedo y las prisas. Mañana me jubilo y los compañeros me dan una cena de despedida. Cuando me entreguen la bandeja grabada de alpaca y me levante a hablar diré: ¡Gracias!... ¡Qué asco.

 
CORAZÓN DE NIEVE Imprimir E-Mail
[Rafael Novoa]

Todos los días pasaba aquella muchacha por su vera, con un grupo de amigas, hablando y riendo; pero él sólo la veía a ella, con sus ojos almendrados, su melena azabache y sus mejillas arreboladas por el frío invernal. Viéndola, el muñeco de nieve recordaba aquel día de Navidad que amaneció el pueblo bajo un manto blanco, y la muchacha y sus amigas moldearon su cuerpo, entre bromas y risas. Pero ella y sólo ella le había puesto los dos botones en la cara, y fue a la primera persona que vio, y tan cerca estaba de él, que el aliento vaporizado de la muchacha llenó de menta su nariz de zanahoria. Desde aquel día, su figura amorfa, tocada con un gorro de paja y enseñoreada con una pipa de plástico, sólo existía para verla pasar. Él sabía que su amor duraría tanto como el invierno, no más. Por eso era intenso y sublime. Le hubiera gustado estar más al norte, donde los inviernos duran diez meses. Pero también deseaba, con audacia suicida, que aquel manto repujado y grisáceo que cubría el cielo se rasgara, y asomara su mayor enemigo, el sol, para que su cuerpo se licuara y deformara, y sentir de nuevo las manos templadas de su amor moldeando su cuerpo, cubriéndolo de caricias, bañándolo con la luz de sus ojos almendrados y su aliento de menta. Y tal era su amor, que un día, al ver a la muchacha a lo lejos, acercándose lentamente con la melena al viento, y aquella cadencia en el andar, se formó en su pecho una piedra de hielo del tamaño de un puño, que enrojeció al cobrar temperatura, derritiendo de amor su cuerpo iridiscente. La gente se arremolinó a su alrededor para contemplar aquel fenómeno tan singular. Y cuando la muchacha logró abrirse paso, sólo vio el sombrero de paja en el suelo, el resto se lo había tragado la alcantarilla.

 
LA CARTA Imprimir E-Mail
[Juan Notario]

No todo lo que le dije a Sofía en aquella carta era verdad. Le conté que la quería, que era mi única razón para vivir; incluso llegue a decirle que dejaría a mi mujer para irme con ella allí donde fuese.
Recuerdo que después de aquella carta nos fuimos a un motel y, entre sábanas no muy blancas y un perfume pastoso, hicimos el amor varias veces.
Recuerdo que me despedí de ella: hasta mañana, le dije.
Hoy, al cabo de los años, me acuerdo de Sofía y sonrío al pensar qué crédulas son algunas mujeres.

 
MI HERMANO Imprimir E-Mail
[Rafael Novoa]

Nunca le perdoné a mi hermano gemelo que me abandonara durante siete minutos en la barriga de mamá, y me dejara allí, solo, aterrorizado en la oscuridad, flotando como un astronauta en aquel líquido viscoso, y oyendo al otro lado cómo a él se lo comían a besos. Fueron los siete minutos más largos de mi vida, y los que a la postre determinarían que mi hermano fuera el primogénito y el favorito de mamá. Desde entonces salía antes que Pablo de todos los sitios: de la habitación, de casa, del colegio, de misa, del cine -aunque ello me costara el final de la película. Un día me distraje y mi hermano salió antes que yo a la calle, y mientras me miraba con aquella sonrisa adorable, un coche se lo llevó por delante. Recuerdo que mi madre, al oír el golpe, salió de la casa y pasó ante mí corriendo y gritando mi nombre, con los brazos extendidos hacia el cadáver de mi hermano. Yo nunca la saqué del error.

 
SIMPATÍA Imprimir E-Mail
[Autor: Desconocido]

Todo el mundo piensa que soy un tipo con suerte. Se equivocan. Lo que ocurre simplemente es, que le caigo bien a Dios.

 
SIN TÍTULO Imprimir E-Mail
[Autor: Desconocido]

Renée y Raúl sentían el fuego de la chimenea. En vez de separarse del centro ígneo, se fueron desnudando. Al rato, la chimenea se alejó unos metros.

 
BAILE Imprimir E-Mail

[El Vigía]

El odio, a diferencia del amor, siempre es recíproco. El bailarín de tango y la bailarina se despreciaban con la misma tenacidad con que alguna vez se quisieron. Sólo los unía la fama y contratos envidiables. Cada baile era un desafío a los mecanismos más profundos del rencor. Se deleitaban en esa humillación mutua más cercana a la perversidad que al oficio. Cuanto más se odiaban, más los aplaudían. Ella incorporó al vestuario inconsulto dos largas trenzas criollas, vivaces y relampagueantes bajo la luz de los reflectores. Las agitaba como cadenas, como látigos, como sables. Él soñaba con quebrarla sobre sus rodillas como una caña hueca. Se miraban siempre a los ojos, no dejaban de mirarse nunca en esa guerra bailada, en ese combate florido.
La noche que más los aplaudieron fue la última, cuando ella, después de tantos ensayos, logró enredar sus trenzas en el cuello del bailarín y siguió girando y girando hasta el último compás.

 
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