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INSTRUCCIONES PARA LLORAR |
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[Julio Cortázar] Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos. |
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FLOTANDO |
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[Jordi Cebrián] Al levantarme descubrí que flotaba a un par de centímetros del suelo. Fuí al doctor. Tras examinarme me aseguró que aquello era psicológico, que yo somatizaba mis preocupaciones. Quise hacerle ver que, aunque fuera por los nervios, yo estaba flotando, pero él ya me había recetado unos calmantes y hecho pasar al siguiente paciente. Un físico cuántico se interesó por mi caso, pero era un chiflado que pretendía dominar el mundo usando mis poderes. Tampoco en la Iglesia encontré solución: el párroco, salpicándome, blandía una cruz y gritaba al demonio que saliera de mí, mientras la piel mojada me ardía. |
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OLVIDO TEMPORAL |
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[Xesteira] Cuando ella llegó a casa, la noche estaba de fiesta y se había olvidado de salir. Ella se preparó el baño y la cena, tomó el baño y la cena, y se acostó. Mientras cerraba los párpados pensó: “Qué noche tan extraña”. Y se quedó dormida. Cuando ella oyó el sonido del despertar, el día estaba enfadado, y el sol, más rojo que nunca, mojaba de cólera las carreteras. Ella se preparó para salir, y salió. En la calle todos estaban extrañados: Nunca habían visto un día tan nocturno como aquél. Cosas que pasan con la noche. |
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DAÑOS Y PERJUICIOS |
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[J. Wilhelm] Entraron dos tipos en el vagón con una guitarra y un acordeón, que de por sí ya es una mezcla extraña. Cuando empezaron a tocar pensé que era un dúo cómico: la guitarra tenía las cuerdas tan destensadas que parecía que habían tendido la colada en ellas; el acordeón perdía aire por el fuelle como un globo pinchado. Pero realmente trataban de hacerlo en serio, y la cosa se ponía aún peor cuando cantaban, abriendo la boca exageradamente para desafinar a grito pelado y mostrar sus escasos, larguiruchos y renegridos dientes. El desacorde era tal que un niño, que antes correteaba alegre entre la gente, se fue llorando junto a su madre; los rostros del resto del pasaje estaban igualmente desencajados, se cortaron las conversaciones y el ambiente se tensó como si alguien fuera a lanzar un penalti. Ya me planteaba tirar del freno de urgencia del tren, pero el chirriante berrido de la pareja -“nooo teee creas que ya no te quieeero, es que no te los pude traeeeeeeeer”-, entre nuestras caras de auténtico espanto, puso fin a aquel suplicio. Menos mal que al final pasaron el plato: yo cogí cuarenta duros. |
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LA CRIADA LATINA |
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[Eduardo Halfon] Espero que esté claro, señorita. No quiero ni malentendidos ni falsas expectativas. Al firmar este documento, usted acepta todas y cada una de mis condiciones, requerimientos y necesidades, quedando así debidamente formalizado nuestro convenio. Además de la limpieza, es responsabilidad suya preparar mis tres comidas, servírmelas con meticulosa puntualidad y soplármelas si están demasiado calientes. Mis pantalones me gustan bien planchados. Mis playeras, en cambio, no. Todos mis calcetines deben estar sólo dobladitos en dos, y no hechos una bola como les gustan a otros. Cualquier salida suya necesita mi autorización, preferiblemente con dos días de anticipo. No me agrada que la estén llamando demasiado por teléfono ni que la vengan a visitar muy a menudo. Le será permitido juntarse con algunas amistades, previamente aprobadas por mí, por supuesto. Y entonces, y sólo entonces, cada semana le entregaré su dinero, asumiendo que cumpla con todas sus labores a mi entera satisfacción. Todas, ¿me entiende? Muy bien. Entonces, si está de acuerdo, señorita, por favor firme usted en el acta, a la par de la equis. Y así, con la bendición de Dios y de este notario, será legal nuestro matrimonio. |
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TEATROS |
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[Lece] El estío era de romanticismo decimonónico y hortera al uso, es decir, de lago en acuarela y sol que calienta en relatividades porque el amor, vapor envolvente y dulzón, despistaba las malas sensaciones demasiado humanas. Él la miraba cavándole túneles al silencio y ella respondía en una hiperritmia de la sonrisa convada y menos comedida. Él cogió su mano con suavidad de parodia o mimetismo neoclásico y ella dejó escapar unas apetencias en la comisura de los labios. Él susurraba en sutiles parpadeos pero ella aguantó el mutismo, lo sostuvo unos segundos hasta que el grito les invadiera las ficciones e intimidades: - ¡corten! Él soltó su mano y arrastró una caricia comunicativa hasta las yemas de los dedos. - pero ¿por qué?- preguntó indignado. |
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EL DINOSAURIO |
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[Augusto Monterroso] Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. |
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