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BOMBILLAS |
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[Jordi Cebrián] Yo no quería comprar esas bombillas modernas, pero mi mujer insistió, y ahora nuestro piso tiene una luz extraña que refleja cosas inexistentes. Mi mujer asegura que es manía mía, que esas bombillas están homologadas para cansar menos la vista. Que diga lo que quiera, pero cuando enciendo la luz en las habitaciones, veo durante un segundo personas y cosas que no están, y que se desvanecen de inmediato. Ya no me atrevo ahora a entrar nunca en mi biblioteca a oscuras, pues temo topar contra alguien a quien no veo y que está hojeando probablemente mis libros de fantasmas. |
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REMINISCENCIAS |
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[Daniel Dessein] Mi madre nos contaba que durante la posguerra, allá en Málaga, cocinaba tortillas de patatas sin huevos ni patatas. El desarrollo de esta habilidad, que dejó atónitos a mis abuelos, le permitiría aprobar el bachillerato sin estudiar, para después disfrutar de un salario más que digno sin trabajar. Asímismo, vivió un feliz matrimonio sin marido. Hoy goza de su jubilación, rodeada de sus nietos, sin las fatigas ni los inconvenientes de haber tenido hijos.” |
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SIN TÍTULO |
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[Isabel Cubells] Mi madre nos contaba que durante la posguerra, allá en Málaga, cocinaba tortillas de patatas sin huevos ni patatas. El desarrollo de esta habilidad, que dejó atónitos a mis abuelos, le permitiría aprobar el bachillerato sin estudiar, para después disfrutar de un salario más que digno sin trabajar. Asímismo, vivió un feliz matrimonio sin marido. Hoy goza de su jubilación, rodeada de sus nietos, sin las fatigas ni los inconvenientes de haber tenido hijos.” |
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ZARPAR |
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[Paty] Miró por la ventana entornando los ojos para que la diáfana luz matutina no la cegara. Apoyada contra la pared sorbía poco a poco de la humeante taza con el primer café del día, mientras observaba distraída los rumores de la ciudad que despertaba. A su espalda el sugerente crepitar de las sábanas revueltas le recordaba que no todas las cuerdas son de cáñamo, ni todos los amarres sujetan las naves en tiempos de tormenta. Su cuerda, su amarre a este mundo y a esta vida, se agitaba en la cama deshecha sin sospechar siquiera que el temporal se cernía otra vez en su interior, con olas como muros amenazando con destruir todo a su paso. Sí, otra vez. Otra vez sentía esos deseos ardientes de perderse en sí misma y de sí misma, deseos que amenazaban con consumirla en el fuego lento de la desidia. Otra vez correr y huir se habían convertido en el único sinónimo posible. Otra vez sentía que desplegar velas y soltar amarres era el único camino posible hacia la Libertad. |
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MADRE NO HAY MÁS QUE UNO |
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[Jaime López] Es la cuarta vez este mes, que suena el telefonillo a las cinco de la madrugada y es mi madre que viene a saludarme con sus ocho amigas en una noche de borrachera alegre. |
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VIRUTAS |
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[Autor: Desconocido] Ella trajo un recorte de una revista para amas de casa. Me lo dio como con prisa. Leí: “Según los filósofos clásicos, la Verdad última de todas las cosas se encuentra dentro del alma de cada uno” -¿Es verdad? Miré a sus ojos, y vi sinceridad y tristeza, mezcladas e infinitas. Desaparecí de cualquier manera, dando una excusa barata o el nombre de un libro… No me atreví a decirle que la Verdad (cómo la Felicidad) no existe como tal, que la encontramos a trocitos, escondida entre las virutas de días ya muertos. |
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HISTORIAS DE FANTASMAS |
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[Mario Benedetti] Los dos fantasmas, uno azul y otro blanco, se encontraron frente a la caverna consabida. Se saludaron en silencio y avanzaron un buen trecho, sin pisarse las sábanas, cada uno sumido en sus cavilaciones. Era una noche neblinosa, no se distinguían árboles y muros, pero allá arriba, muy arriba estaba la luna. -Es curioso- dijo de pronto el fantasma blanco-, es curioso cómo el cuerpo ya no se acuerda de uno. Por suerte, porque cuando uno se acordaba era para que sufriésemos. -¿Sufriste mucho?-preguntó el fantasma azul. -Bastante. Hasta que lo perdí de vista, mi cuerpo tenía quemaduras de cigarrillos en la espalda, le faltaban tres dientes que le habían sido arrancados sin anestesia, no se habían olvidado cuando le metían la cabeza en una pileta de orina y excremento, y sobre todo se miraba de vez en cuando sus testículos. -Oh-fue la única sílaba que pronunció o pensó o suspiró el fantasma azul. -¿Y vos?- preguntó a su vez el otro-.¿También tu cuerpo te transmitía sufrimientos? -No tanto mi cuerpo sino el de los otros. -¿De otros? ¿Acaso eras médico? -No precisamente. Yo era el verdugo. El fantasma blanco recordó que allá arriba, muy arriba, allá estaba la luna. La miró sólo porque tenía necesidad de encandilarse. Pero la luna no es el sol. Con una punta de su sábana impoluta se limpió la brizna de odio. Luego se alejó, flotando, blanquísimo en la niebla protectora, en busca de algún Dios o de la nada. |
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