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DESCANSO Imprimir E-Mail
[Arthur Conan Doyle]

Me arrellano en mi sillón junto a la chimenea donde crepita el fuego, con la copa de coñac en la mano derecha y la izquierda caída descuidadamente, acariciando la cabeza de mi perro… hasta que descubro que no tengo perro.

 
INCÓGNITA Imprimir E-Mail
[Carmen Peire]

Una persona es lo que cree ser, lo que los demás opinan que es y lo que realmente es. Desde esta perspectiva, no se pudo averiguar quién cometió el asesinato.

 
ILUSIÓN MARCHITA Imprimir E-Mail
[Eduardo Omar Honey Escandón]

Cortejé a la Muerte durante algún tiempo hasta que nos comprometimos. El día
de la boda la dejé plantada pues descubrí que en su pasado fue un joven de
nombre Tánatos. Nunca he soportado a los transexuales.

 
EL ABOMINABLE Imprimir E-Mail
[Monelle]

Negó todas las posibilidades. En su mente no cabía ninguna. Su juicio, su sentencia había sido irrevocable.
No quiso atender a las razones que los demás estudiosos del tema le intentaban explicar, lo tenía muy claro.
Aquello según él, había sido una vulgar confusión, un equívoco que había crecido por la mala interpretación de la lengua.
-La gente durante años lo ha pronunciado mal – aseguraba – “Meti” es como estos pobladores nombran al oso tibetano, y parece ser que alguien no lo comprendió bien, y ahora todo el mundo se cree esa tontería del abominable hombre de las nieves. ¡Cómo se puede llegar a ser tan ingenuo! -.
Salió del recinto, el aire viciado de aquel espacio reducido le obligó a ello. Estiró los brazos al tiempo que cogía una gran cantidad de aire.
El “Yeti” se alejó de allí portando bajo el brazo a un hombre que, en ese momento, no sabía como llamar en señal de auxilio.

 
MEJOR HABITACIONES SEPARADAS Imprimir E-Mail
[Jaime López]

La tremenda explosión dejó irreconocible la práctica totalidad de la ciudad. Aunque las tareas de salvamento iban a durar meses, se calculaba que la cifra de muertos superaría los dos millones y medio. El resto de los habitantes, sin excepción, habían resultado heridos. Sólo habían sido afortunados los residentes en la periferia.

El acontecimiento fue ese día noticia única en todos los periódicos y noticieros del globo, y continuó ocupando grandes titulares durante años. También años, mejor dicho décadas, tuvieron que transcurrir hasta que la ciudad consiguió librarse de la sombra de la catástrofe.

Especialistas de todo el mundo dedicaron en vano gran parte de sus vidas a intentar averiguar cual había sido la causa de aquella destrucción instantánea, pero jamás se iba siquiera a sospechar la verdad. Cómo se iban a imaginar esos eruditos que la culpa la tenía un ronquido. Cómo podían acercarse a la idea de que toda aquella fuerza estaba contenida en el interior de una mujer. Ni la mente más abierta de todos ellos hubiera aceptado la verdad, de haberla conocido. No hubiera creído que aquella mujer había ido acumulando, noche tras noche y siesta tras siesta, durante sus ya casi cincuenta años de matrimonio, los ronquidos que su esposo iba produciendo durante sus sueños más placenteros. Se hubiera reído al escuchar que esta mujer aguantó pacientemente todo ese tiempo mientras los ronquidos insoportables de su marido se iban metiendo por sus oídos y acumulando en su interior. Hubiera despreciado a quien le tratara de explicar que una noche, la de la catástrofe, los sonidos guturales retenidos por esta dama, habían sido expulsados simultáneamente, y sin poder evitarlo, en forma de un solo ronquido que pudo oírse a cientos de kilómetros de distancia, y que dejó desolada una ciudad, mientras el marido continuaba durmiendo. 

 
HASTA EL FINAL Imprimir E-Mail
[Jaime López]

Demostró que la constancia es una virtud luchando hasta el final para conseguir sus objetivos. Utilizó su propia muerte para cumplir su último deseo. Sus compañeros del círculo de ingenieros, reunidos en la biblioteca, leyeron atónitos su voluntad. Después, siendo fieles a su palabra, se dirigieron a la mesa de billar y, tras un último recuerdo, esparcieron sus cenizas sobre el verde tapete.

Tras este acontecimiento los socios acordaron por unanimidad la compra de un tapete nuevo.

Al fin lo había conseguido. 

 
A LA CARTA Imprimir E-Mail
[Jaime López]

Sí, pertenezco a ese diez por ciento de mujeres americanas que tienen un hijo que no es de quien se supone que es su padre real. Pero es que yo quería lo mejor para mi hijo: el cariño de su padre y el cuerpo y la inteligencia de mi amante.

 
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