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VALORACIÓN DEL PREFACIO MUSULMÁN Y LOS INICIOS Imprimir E-Mail

No es nuestro objetivo ocuparnos del período y la presencia musulmana en la zona de Godella, pues aquí, las fuentes y las informaciones son escasas. Sería imprescindible invertir muchísimo tiempo y necesitaríamos, incluso, costosas prospecciones arqueológicas[6]. Con todo, aunque Godella fue despoblada con relativa rapidez de mudéjares [7], es cierto que para comprender la situación socio-económica del siglo XV, hay que valorar y recordar la creación de una entidad nueva, el reino, que se articula a través de la conquista y repoblación, pero sobre un espacio que, durante muchos siglos, habían condicionado los musulmanes, una herencia fundamental.

Las comunidades musulmanas “sufrieron” profundas transformaciones como consecuencia de la repentina dependencia señorial cristiana. En muchas zonas, se produjo, incluso, una remodelación de su poblamiento a causa de las sublevaciones generalizadas de los años 1247-48. La revuelta, liderada por al-Azraq y localizada preferentemente al sur del País, aceleró, sin embargo, el proceso de expropiación a la población musulmana. La orden general de expulsión, dictada por Jaume 1, aunque no se llevó totalmente a cabo, afectó profundamente a las comarcas centrales, sobretodo L´Horta y la Ribera Baixa, donde el poblamiento cristiano sería ya hegemónico en el futuro.

La conquista cristiana, la Cruzada -como denomina algún autor-, supone el inicio de una etapa nueva, pero ello no significa hablar de corte radical. Las novedades fueron muchas y los mantenimientos también, aunque una parte de la historiografía parecía no reconocerlo. Todavía es frecuente encontrar alguna monografía local donde aparecen los malvados musulmanes siendo derrotados por los magníficos héroes cristianos rompiendo la etapa negra islámica. En la “Historia de Tortosa”, por citar un ejemplo alejado, publicada en la fecha reciente de 1956 por E. Bayarri, podemos leer:

“Nuevos y magníficos horizontes de fecundas actividades y de exaltantes idealismos se le abren a Tortosa y su comarca en el momento faustísimo entre los más faustos de su historia, de pasar de la esclavitud musulmana, a la plena y libre actuación de su propia y genuina personalidad, tan dinámica y operante, que te sobrarán empujes y alientos para labrarse un futuro digno...”

Efectivamente, y como ocurre muchas veces, el historiador no debe enfrentarse solamente a la escasez o poca claridad de unas fuentes sino también a una historiografía tradicional y sentimentalista que ha ocupado a nuestro país durante un largo período de tiempo. Todo se agudizó cuando las teorías se entremezclaron con sentimientos nacionalistas que pretendían buscar y centralizar la identidad de un pueblo: se hablaba excesivamente de raza, de dominio hispánico… Uno de los méritos de las teorías de J. Fuster y J. Reglà fue romper con ese marcado centralismo historiográfico e iniciar un nuevo enfoque más acorde con al realidad histórica local. Por supuesto que las teorías de estos dos autores son criticables, pero no es menos cierto que abrieron las puertas a visiones más acertadas.

La correcta valoración del prefacio musulmán nos debe ayudar a comprender, pues, el feudalismo valenciano (dejemos para después la mayor o menor operatividad del concepto). Los recién llegados sabrán utilizar para su proyecto los medios materiales y humanos preexistentes: desde los castillos a las alquerías, desde las mejoras hidráulicas (donde Godella es un buen ejemplo) a las conflictivas sofras [8], por solo citar los puntos más tradicionalmente destacados por los historiadores. Pero todo ello, en suma, mantenido y condicionado por la importación feudal. Alejándonos de extremismos -nunca acertados- rupturistas o continuistas para valorar la “conquista cristiana” catalano-aragonesa, deberíamos afirmar que les explicacions han de mostrar tant la vesant militar del fenòmen , les conjunturals exigències estratègiques de la conquesta, com el dinamisme agrari i la transformació de les relacions de producció on, més que no de ruptura brusca, cal parlar d’un fenòmen molt lent. [9]

Por otra parte no pretendemos tampoco hacer una exposición exhaustiva de las distintas etapas de la conquista ni de sus supuestos antecedentes, ni es nuestra inquietud el recuento de repobladores de una u otra zona, pero si intentar exponer las posibles causas del proceso y las características fundamentales de éste, que modelaron el mapa señorial valenciano.

En primer lugar hay que contextualizar el fenómeno dentro de la más amplia expansión llevada a cabo por la Corona d’Aragó, una expansión en lo territorial pero también en lo político, en lo económico… Todo ello en un contexto general de avance conquistador cristiano también en Castilla y en Portugal. Tres puntos serán, tal vez, los más característicos de la conquista valenciana: la debilidad musulmana manifiesta, fruto posiblemente de sus interminables luchas internas; la ausencia -por ello- de grandes enfrentamientos épicos; la importancia que tendrán las ciudades como puntos estratégicos para el control de todo el país, porque el sistema castral andalusí se encontraba ya muy devaluado.

La conquista militar de València se preparó con todo detalle dada la importancia estratégica que tenía en ese momento, una vez ocupada Mallorca, y alejado, en buena parte, el peligro musulmán del Mediterráneo. Un año después de la toma de Morella, en 1233, en Alcañiz se planificaba la campaña en varias etapas: la primera dirigida a las tierras de Castelló, tomando Borriana en 1233 y otros enclaves como Peñíscola; la segunda tomando Valencia y las tierras llanas hasta el Xúquer (para lo cual las Cortes generales de Monzón de 1236 concederán al rey toda la ayuda y el papa Gregorio IX dará a la empresa el carácter de cruzada), que finalizará en octubre de 1238, tras haber tomado el Puig en agosto de 1237 y haber desbaratado la escuadra del rey de Túnez que acudía en auxilio de los musulmanes valencianos en agosto de 1238 (firmándose las capitulaciones en septiembre y consagrándose la mezquita mayor como catedral el 9 de octubre); la tercera fase culminará entre 1243 y 1245, y se llegará a los límites confirmados en el tratado de Almizra en 1244 para la expansión de la Corona d’Aragó, reservándose Alacant para la Corona de Castilla antes de que en 1304, por el tratado de Campillo con Jaume II, se incorporase definitivamente al regne de València.

Jaume I convierte en reino propio las tierras conquistadas y crea una entidad político-jurídica unida dinásticamente a la misma corona que Aragó, Catalunya y Mallorca, y, al igual que los otros reinos, con autonomía propia.

El resultado será la apropiación de un amplio territorio para cuyo control era necesaria la entrada de población cristiana, la repoblación. Y con ello aparecerán las primeras unidades de encuadramiento, los señoríos. El proceso parece ser inverso aquí respecto a otras zonas, como Catalunya, donde la estructuración señorial del territorio fue posterior a la iniciativa e instalación campesinas [10]. En el País Valenciano muchos señores deberán ceder algunos de sus privilegios para favorecer en sus tierras el asentamiento de colonos. Las cartas de poblamiento están repletas de iniciativas de este tipo. La población musulmana, con sus peores condiciones de vida, será quien sufra tales cesiones hechas a los cristianos” [11].

Se configurará así un mapa dentro del proceso de señorialización valenciano:

1. ZONA NORTE: destacando los núcleos urbanos como Morella, Peñíscola o Borriana. La monarquía se interesa aquí por controlar directamente algunas zonas, aunque también se produce la dotación a la nobleza de amplios señoríos. La población cristiana prevalece aquí sobre la musulmana.

2. ZONA CENTRO: entre los cursos del Millars y el Xúquer. El hábitat cristiano se asienta y tiende a concentrarse, dominando, en la huerta, como se comprueba con claridad en el señorío de Godella y Rocafort, con total ausencia de mudéjares. Las comarcas del interior, con una agricultura y unos recursos más bajos, sí seguirán conservando su población musulmana.

3. ZONA SUR: la población cristiana intenta dominar la zona asentándose en las villas más importantes y controlando los lazos estratégicos de comunicación.

El encuadre señorial de toda esta población irá configurándose con el tiempo a través de las diversas concesiones reales. Precisamente el monarca no quedará al margen; todo lo contrario, pretende liderar el proceso, actuando -según algunos historiadores- como un señor más.

El asentamiento de los nuevos pobladores y el reparto de las tierras ocupadas se efectuó bien a través de establecimientos individuales (especialmente en las tierras del rey y registrados en el Llibre del Repartiment), o bien a través de cartas de poblamiento colectivas otorgadas directamente por el señor. Estas cartas, como ya comentamos antes, suponían más que la concesión o confirmación de determinados privilegios, la auténtica acta fundacional de las comunidades campesinas. Conformaban el texto legal que definía su status jurídico y, sobre todo, eran el instrumento regulador de las relaciones entre el señor y la nueva comunidad: un documento que precisaba la composición de la renta feudal y que protegía al campesino de futuras “amenazas” señoriales.

Sin embargo, en un País con tierra abundante, pero con insuficientes recursos humanos -especialemente en estas comarcas centrales, donde la población musulmana había sido desalojada mayoritariamente-, la urgencia de colonización obligaba a ofrecer facilidades al asentamiento de inmigrantes cristianos. Dichas ventajas aparecen en la mayoría de las cartas de poblamiento de la comarca de L´Horta, que ofrecían casas, parcelas o huertos, libres de cualquier exacción, y que establecían la enfiteusis como régimen dominante de propiedad de la tierra de cultivo. La documentación sobre la Godella del siglo XV muestra claramente estas características. Los capítulos siguientes pretenden detallarnos tales relaciones.

En definitiva con estos comentarios iniciales hemos intentado ver los puntos básicos que caracterizan el paisaje señorial valenciano y nos delimitan un mapa de minúsculos señoríos. En medio de un realengo diseminado por todo el país, que comprendía esencialmente las villas y ciudades más importantes del reino, se extendía una red densa de dominios señoriales de distinta configuración y envergadura. Pero es cierto que la estructuración señorial del país se caracterizaba por la multiplicación de pequeños feudos con un dominio territorial limitado que ocupaba pocas hectáreas o incluso una sola alquería [12]. Y como uno más dentro de ese entramado situamos un señorío que comprendía los términos y las villas de Godella y Rocafort bajo el mismo titular. Ego, Johannes Fernandez de Heredia, dominus locorum de Godella et Rocafort, in Regno Valencie sitorum… [13]

Así pues, el señorío y la comunidad rural valenciana se inscriben no sólo en un marco cronológico preciso, iniciado con la conquista cristiana, sino también en un sistema social determinado, el feudal.

 

NOTAS
6. Agustín Sancho en su “Historia de Godella”, nos narra ya el descubrimiento fortuito de algunos restos arqueológicos de época musulmana. Sin duda el trabajo sistemático de excavación ofrecería mucha más luz sobre esta período inicial de la Edad Media valenciana, auténtica asignatura pendiente por parte, no sólo de la administración sino también de los estudiosos.

7. Durante todo el siglo XV no hemos documentado la presencia de mudéjares en Godella, ausencia común, por otra parte, a las zonas agrícolas más rentables del País: FURló, A. (1991) “Les comunitats rurals de L’Horta-Sud de L’Edat Mitjana als temps moderns”, en Aférs, 11/12, pp. 33-35. La idea de esta ausencia para Godella aparece reflejada ya por Josep Fernández en el artículo “Crònica del senyoriu de Godella”, en BIG, desembre 1991, pp. 25-28; aunque la cronología de su estudio sea posterior, las ideas son válidas.

8. Prestaciones de trabajo que los mudéjares se veían en muchos casos obligados a realizar para los cristianos. Algunos autores indican que tales obligaciones se daban ya en la sociedad musulmana antes de la conquista, propiciando así la tesis de que los musulmanes no fueron ajenos a un sistema cercano al feudal. GUICHARD, P. (1987) Estudios sobre historia medieval. Valencia, IVEI, pp. 205-219.

9. Opinión de IRADIEL, P. (1983) “Feudalisme mediterrani: un estat de la qüestió”, en Debats, 5, p. 20. El autor intenta hacer balance de las opiniones que ha suscitado la individualización de “un feudafismo” para el país valenciano durante este período,

10. Allí los señores supieron beneficiarse de lo que había conseguido la comunidad campesina. La diferencia entre los distintos modelos repobladores aparece contrastada en Furió, A.- GARCIA, F. (1983) “El feudalisme medieval valencià: un assaig d’interpretació”, en Debats v, 5, pp. 34-35.

11. Las cartas puebla exponen las normas de asentamiento y condición de vida para la nueva comunidad, estableciéndose también la relación de obligaciones y derechos entre el señor y sus “vasallos”. La recopilación de las conocidas ha sido llevada a cabo por GUINOT, E. (1991) Les cartes de poblament medievals valencianes. València, Generalitat. Para Godella no hemos podido documentar ninguna de estas cartas, tan reveladoras en la sociedad medieval.

12. Sólo en el norte los dominios eclesiásticos eran más amplios, sobre todo los de la Orden de Montesa que, heredando los territorios del Temple y del Hospital, formó un señorío que ocupaba casi todo el norte de Castelló.

13. Intitulación en el contrato de venta del señorío realizada por Joan Fernández d’Herèdia a Joan Daroca, ciudadano de Valéncia (1490, octubre 13, Archivo de Protocolos del Colegio-Seminario del Corpus Christi de Valencia -en adelante APPV- n’. 19.254).

 
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