Inicio | Mapa del sitio
Seleccionar idioma:
  • Spanish - Formal Neutro
  • Valencia
EL ESPACIO Y LOS HOMBRES. APROXIMACIÓN DEMOGRÁFICA A LA GODELLA DEL SIGLO XV. Imprimir E-Mail

PAISAJES
Ni el “día después” de la conquista, ni muchas generaciones siguientes habían podido borrar contornos, texturas o fisonomías de un paisaje rural musulmán. El país que se encontraron los catalano-aragoneses estaba sembrado de castillos y alquerías, de entramado de acequias y cultivos novedosos… Pero la herencia en el paisaje se manifiesta también en nombres y apellidos: todos aquellos topónimos que sobrevivieron durante muchos siglos a la conquista y estaban presentes en pueblos y partidas. Aunque los cristianos, en un intento de manifestar mayor control sobre el medio, generaron después nuevos nombres, una nueva toponimia en función de su utilización agrícola. [15]

Y en el paisaje de una Huerta saturada ya de población en el siglo XV, hay que situar la villa o, como manifiesta la documentación en un posible orden jerárquico de los asentamientos, el lloc de Godella. Pero antes de describir el espacio falta situar sus términos, los límites administrativos del señorío, del “poder” de su titular, del señor. En las sucesivas ventas del señorío que hemos encontrado -tres en total- éste se ubica con toda clase de detalles: Ego, Johannes de Cervato, miles civitatis Valencie habitator, dominus locorum de Godella et Rocafort, vendo vobis magnifico Johanni Fernandez de Heredia, domicello, civitatis Valencie habitatori… predictos locos de Godella et Rocafort, sitos et positos in orta et intra generales terminos civitatis Valencie, cum omnibus terris, vineis et possessionibus, tam cultis quam incultis, quas habeo et teneo et possideo intra terminos eorundem locorum et cum omnibus terminis et territoriis eorundem… [16]

Pero a pesar de la riqueza de matices y aclaraciones (situación en L’Horta de València, tipos de cultivo dominantes, etc.) el texto parece más bien fruto de un formulismo legal; sin embargo la concreción de los límites viene después: locus de Godella confrontatur cum termino loci de Burjassot, cum termino loci de Borboto, cum termino ville de Paterna et cum termino loci de Betera. Alter vero, locus de Rocafort confrontatur cum termino eiusdem loci de Godella et cum termino de Maçarroios et cum termino loci de Muncada. [17] La coincidencia con los términos municipales actuales es total: aquí se ve el origen de la jurisdicción contemporánea y se demuestra, además, su mantenimiento a través de los siglos. La necesidad de “delimitar”, de encuadrar, era fundamental en aquella época para saber hasta dónde puede llegar el “poder” del señor, su justicia, su jurisdicción…

Pero continuemos con el paisaje, con lo físico, el medio que el campesino de Godella recorre hasta llegar a su parcela; y de nuevo el formulismo del documento de venta nos deja entrever algunos rasgos… Alter locum, hoc est Godella, cum omnibus et singulis fortitudinibus, turribus, domibus, aedificiis ibi constructis… Casas, torres, fortificaciones (recuerdos de tiempos más bélicos)... pero también lo que en un futuro se construirá, indicios de un crecimiento posterior… et de cetero construendis Altissimo permittente. Y no sólo paisaje urbano sino también, sobre todo, rural: ... et hortis, vineis, campis, terris cultis et incultis et populatis que habeo, possideo et teneo in eodem loco de Godella et eius termino, et cum pratis, montaneis, montibus, planis, vallibus, silvis, nemoribus, venationibus, herbatgiis, fustibus, lignis, arboribus et plantis fructiferis et infructiferis, fontibus, aquis et cequiis ... furno et molendino, almacera…
Pero intentemos codificar toda la riqueza de estas informaciones, su detallismo y su variedad semántica. Podríamos distinguir dos tipos generales de paisaje agrario que evidentemente son aplicables y aparecen documentados en este contexto del lloc de Godella:

A. EL SECANO: mucho más extenso, por supuesto, de lo que es en la actualidad. Dedicado sobre todo al cereal, al forment, tan básico en la alimentación medieval y tan demandado por una gran urbs como València, que sufría constantemente crisis de abastecimiento. En toda Europa el cereal determinaba la vida cotidiana de los hombres de cualquier grupo y condición. Para los pobres, si faltaba el trigo, faltaba todo. En los momentos de carestía continuada, los consumidores más humildes no dudaban en recurrir a la violencia, y por ello, los gobiernos urbanos reglamentaban estrictamente su circulación. No debemos olvidar, pues, este aspecto político del problema, esta “esclavitud” a la que el cereal somete a los productores, intermediarios, transportistas y consumidores. ¿Dónde acudía la ciudad para abastecerse? Lógicamente y en primer lugar, se aprovisionaba de lo que tenía al alcance de su mano, en un pequeño círculo de 20 a 30 kms que evitaba muchos gastos de transporte. La influencia de la ciudad condicionaba en buena parte los cultivos del área rural circundante. Así ocurrió en amplias zonas de I’Horta de València.

Era pues el cereal, cultivo necesario y rentable. La terra campa -denominación que recibían las parcelas de dicho cultivo- era muy extensa aquí. Antoni Albert, antes vecino de Godella y ahora de Almenara, decide vender sus posesiones en Godella a Roderic Martí, vecino; son duas fanecatas terre campe sitas in termino loci de Godella… etiam troceum vinee in sicano, situm in termino dicti loci...[18] Bertomea, viuda de Joan Alfonso, y su hijo Joan, vecinos de Burjassot, venden a Bernat Colom, agricultor vecino de Godella, duas fanecatas et mediam terre campe, sitas et positas in termino de Godella. [19] La rentabilidad de estas tierras gracias al activo comercio de cereal, aumentaba el interés por el cultivo. Al mismo señor de Godella, Pere Mercader, conocido comerciante de este producto, se le encuentra numerosas veces participando directamente en el mercado de la tierra: Joan Alfonso, agricultor de Burjassot vende a Pere Mercader, habitatori civitatis Valencie et domino Godelle et Rocafort… duas caficiatas terre campe contiguas, sitas in termino Godella, [20] a un precio elevado de 31 libras que nos indica la potencialidad de las parcelas.
Pero junto al cereal destaca un segundo cultivo de secano, la vid, la vinya, el mallol. También innumerablemente repetido en las fuentes notariales, en las compra-ventas de tierras: Pere Alpicat, agricultor vecino del lloc de Beniferri, vende a Joan Castrellenes, vecino de Godella, primo tres fanecatas vinee, sitas in termino de Rocafort… et item tres fanecatas vinee meas, sitas in dicto termino; [21] el precio es tan elevado que el comprador necesita tres años para pagar. A veces la tierra está en manos de ciudadanos de València en un intento de asegurarse anualmente el vino tan preciado para su alimentación. Mateu de la Spasa, civis Valencie, vende a Joan Doménec, panadero también de València, quoddam troceum vinee et heriaç, situm in termino de Rocafort, in sicano...[22]

El tercer cultivo que dibuja el paisaje agrario, sería el olivo, que en toda la zona de nuestro señorío apenas hemos documentado. La almácera “municipal” atestigua, sin embargo, su presencia; aunque posiblemente el olivo compartía las parcelas con otros cultivos, conformando un tipo de agricultura promiscua que desde el siglo XV comienza a verse ya en los campos valencianos. El algarrobo, por el contrario, está mucho más extendido aunque se alterna también con otros cultivos: ...quoddam troceum terre garroferalis et vinee, situm in termino loci de Godella. O también ...tres caficiatas terre campe garroferale, sitas in termino dicti loci in secano. Las combinaciones y los casos se podrían multiplicar, la documentación es rica. Miquel Falomir, agricultor de Godella, vende unam caficiatam partim terre campe et partim vinee, en término de Rocafort, por el elevado precio de 8 libras ...[23] Mientras, Jaume Verneda compra un trocum terre campe et vinee cum quibusdam garroferis, situm in sicano dicti loci…
Pero lo destacable es que se mantiene la clásica “trilogía mediterránea” de cultivo (cereales-vino-aceite), aunque no sin dificultades, debido al predominio, cada vez mayor, de la tierra cerealista que domina no sólo en la Huerta sino también en otras zonas rentables del País: en áreas de la Ribera la cultura cerealista es acaparadora y, en el sur, las tierras de Alacant y Oriola se van convirtiendo poco a poco en auténticos graneros del reino. [24]

Contabilizando todas las compra-ventas de tierras en Godella y Rocafort el predominio de la terra campa también se confirma claramente, seguida -a distancia- de la vid, mientras que el olivo no debía constituir un cultivo especializado, destinándose al consumo interno o doméstico, y con escaso margen a la creación de excedentes y a la comercialización (de ahí la dificultad de rastrearlo en la documentación). Una dieta basada en el cereal obligaba demasiado a productores y a consumidores, y determinaba el paisaje, sobre todo aquí, en la Huerta, tan cerca de la ciudad, que poco a poco intervenía, “invadía” el campo en busca del “alimento básico” y de nuevas inversiones. Ya lo hemos visto en los pocos ejemplos expuestos: a los inversores urbanos, que participaban en el mercado de la tierra, les interesaba la producción especulativa, adquirir tierras no era para ellos sólo una cuestión de prestigio social sino también de rendimiento económico. La difusión en esta época de las formas de una agricultura promiscua (terra campa-vinya, terra campa- garroferal, terra campa-morerar, etc.) que permitía elevar la producción, aún contribuyó más a la penetración del capital urbano en el campo. Campo y ciudad tendían a integrarse.

B. EL REGADí0: Tal vez la dicotomía regadío/secano no sea correcta, sobre todo para una comarca como ésta. L’Horta ofrecía, y ofrece, muchas posibilidades: una de las más interesantes es activar o potenciar los cultivos anteriores. Efectivamente, hablar de regadío no es sólo recordar una larga lista de legumbres o cultivos exóticos, que de otro modo no podrían crecer en el clima valenciano, sino también de aumento de rendimientos en parcelas de viña o cereal. El uso agrícola medieval del agua era radicalmente distinto de lo que es hoy día. El riego era usado, más bien, para incrementar la productividad de las cosechas ordinarias, cultivadas generalmente en otras zonas sin el beneficio del agua; y que, realmente, tampoco son regadas hoy en I’Horta de València. Así, los cereales, la vid, e incluso el algarrobo, eran comúnmente regados en la Godella medieval. La documentación lo muestra con claridad. El notario tiene la obligación de constatar en el documento si la tierra tiene posibilidades de ser regada, porque el precio de la parcela aumenta: ... quoddam troceum terre campe, situm in termino de Godella, in regadivo… terdecim fanecatas terre malloli, sitas in horta et termino loci Godella, in regadivo. Además, el derecho a la tierra regable llevaba consigo el derecho al agua, definido ya por el mismo estatuto jurídico y fiscal de la tierra. [25]

Así pues, el regadío es ante todo cereal y viña regados, en Godella, por la acequia de Montcada, que creaba en el paisaje un entramado de canalizaciones. La acequia de Montcada era la más larga de I’Horta de València: desembocaba en el mar, pasado el pueblo de Puçol, unos 20 kilómetros después de su cabecera cerca de Paterna. Hacia la mitad de su curso, pasaba a través de un sifón bajo el Barranc de Carraixet, después de un pronunciado giro hacia el mar a la altura de la localidad de Massarrojos. Su curso continuaba en dirección Noreste después del barranco, hasta alcanzar Rafelbunyol, donde hacía de nuevo otra curva cerrada y corría al Este hacia el mar, pasados El Puig y Puçol (vid. mapa).

Caminos y acequias se entrecruzaban pasando unos sobre otros por medio de puentes y sifones. Estos puentes eran puntos especialmente importantes en el sistema de comunicación de la huerta: servían para proteger las acequias contra el daño que producían hombres y animales al vadearlas. Caminos y acequias debían mantenerse limpios, y eran las Comunidades de Regantes y sus oficiales quienes asumían la responsabilidad de ese mantenimiento. Se establecían severas multas por inundar los caminos o por sembrar en sus límites.

Los campos regados eran normalmente más pequeños -por su mejor rendimiento- que las parcelas de secano, y con una disposición más cuadrangular para facilitar el uniforme discurrir de las aguas. Estas parcelas tenían por lo menos una acequia por uno de sus bordes, y algunos campos tenían más de un margen sobre la acequia. Por eso, las descripciones de las posesiones abundan en detalles como cèquia en mig o braçal en mig. Esta situación complicaba todavía más el acceso a los campos, y agravaba los problemas de los derechos de paso. Por su parte, las acequias que transcurrían entre dos heredades se consideraban legalmente medianeras, así la responsabilidad de su cuidado recaía sobre ambos vecinos. Las tareas más importantes de dicho mantenimiento consistían en quitar la vegetación de los márgenes y limpiar el canal, es decir, extraer el barro y los sedimentos. Se intentaba realizar todo ello en abril, antes de plantar las cosechas de primavera. En las acequias principales el trabajo era coordinado por la Comunidad de Regantes o por el cequier, pero, en las acequias secundarias, los propios regantes eran responsables del tramo de la acequia con el que lindaba su propiedad.

En efecto, hay que distinguir, entre sequía, canal principal que toma el agua del origen, filloles, que nacen de las anteriores y se encargan de dispersar las aguas por las distintas partidas, y els braçals, que conducen el agua a los campos (a través de boqueres) y pueden servir también para escurrir. [26] La Comunidad de Regantes intentaba también organizar, administrar y resolver los problemas de tandas de riego. El poder de estas comunidades era amplio, autónomo e incluso coercitivo. ¿Por qué? En la Huerta de Valencia las acequias principales abastecían un gran territorio y cruzaban diversos términos municipales sin solución de continuidad, lo cual obligaba a una fórmula de administración supramunicipal, por encima de cada Consell local, basada en la Comunidad de Regantes. [27]

Siguiendo con los paisajes de regadío, la documentación hace, finalmente, otra
distinción: horta y hort. El primer término hace referencia a toda esa amplia zona regable de productos tan comunes y necesarios como el cereal o la vid; son campos abiertos que ocupan una parte importante de los términos de Godella y Rocafort, exceptuando -claro está- el secano (precisamente la acequia de Moncada parte en dos el pueblo, a la derecha el regadiu y a la izquierda el secàwink. El concepto de hort, es mucho más complejo, se refiere a pequeñas parcelas cerradas, donde se cultivan a pequeña escala productos más selectos y que necesitan más cuidado. Por ello, en muchas ocasiones, se sitúan contiguos a las viviendas. Isabel, esposa en segundas nupcias de Joan Soriano, agricultor de Russafa, ahora fallecido (y en primeras con Ferran Martí, de Godella), ante la imposibilidad de trabajar sus tierras decide vender algunos inmuebles, entre ellos quasdam domos cum horto contiguo, sitos in Godella… et confrontatur cum hospicio Petri Sanchez, azuquaquo medio, et cum cequia de Muncada. [28] Sin duda la viuda prefiere conseguir ingresos no a través de la actividad agrícola, sino del crédito, de los censales (prestando dinero a cambio de unas pensiones anuales). Salvador Igual, presbiter et vicarius perpetuus ecclesie loci de Godella, vende su huerto situado cerca del pueblo, troceum orti meum, situm in termino dicti loci, in regadivo, circa dictum locum, y que también limita con la acequia de Montcada, por la cantidad de 100 sueldos. [29] Estas pequeñas posesiones con valor tan elevado también están presentes en la dote; así Bernat de Sant Llorenç, pedrapiquer de València, con motivo del matrimonio de su hija Beatriz con Miquel Sánchez, agricultor de Godella, concede como dote por valor de 20 libras, quasdam domos cum horto contiguo, sitas in Godella, pero a condición de que él pueda vivir allí junto a los esposos, sub hiis pactis quod ego possim stare et habitare vobiscum toto tempore vite mee.[30]. Son en definitiva pequeñas parcelas muy valoradas; el huerto suministra sus frutos de forma casi continua y estacional, enriquecido además con los detritus familiares y el estiércol del corral y sometido a un trabajo constante. Y todo ello precisamente (sobrecarga de trabajo, pequeña extensión, etc.) hace que su destino sea doméstico o familiar; apenas se puede comercializar ni producir a gran escala, lo cual impide que aparezcan con frecuencia estos cultivos en la documentación. Como cosecha de primavera, las habas y las judías verdes (faves y fesols) eran las más representativas; se plantaban en abril o mayo y crecían a lo largo del verano. Suponían el complemento al trigo de invierno -sembrado en septiembre u octubre y recogido al principio de la primavera-. Ciertos árboles, tales como algarrobos, higueras y moreras, se podían encontrar también en estos huertos o en otras parcelas de secano. Los naranjos, sin embargo, sólo aparecían en el regadío y eran considerados como cultivo ornamental o cosecha de lujo.

El campesino de la Godella medieval observaba diariamente un paisaje conformado por unas tierras de óptima calidad, regadas por un complejo sistema de acequias, y dominado por una variada producción cerealícola: forment y ordi -cereales de invierno-, panís y dacsa -cereales de primavera- No obstante, junto a ese cultivo cerealista, siempre mayoritario, comienzan a aparecer, desde finales del siglo XIV, otros cultivos más especulativos, algunos de los cuales ya estaban presentes desde época musulmana en el sistema agrario del País, aunque de forma residual. Estos nuevos cultivos requerían mayor concentración de inversiones y trabajo. Sin embargo -nunca debemos olvidarlo- la presencia de estos nuevos productos no significó su absoluta generalización. Al campesino le seguía preocupando más su autoabastecimiento que los arriesgados negocios en el mercado, y así, en sus parcelas, continuaba sembrando el cereal año tras año.

 

NOTAS
14. Hemos decidido pasar directamente al siglo XV pues la reflexión sobre los s. XIII y XIV para Godella es una empresa que nos sobrepasa, las fuentes disponibles son muy pocas y nada sistemáticas. Las donaciones del Llibre del Repartiment que, salvando los problemas de terminología y ubicación, podían suponer los primeros datos de investigación, no tienen continuidad en otro tipo de documentación. Además para estos dos siglos tampoco hay fuentes notariales específicas de nuestra villa: sólo a partir del s. XV (sobre todo en su segunda mitad) pudimos obtener ya información constante y, en algunos parámetros, cuantificable. El hecho de que esta comunidad campesina comience a generar y multiplicar documentación desde el s.XV puede indicarnos un dinamismo de su inasa social en aumento, donde es clara la influencia de la “gran ciudad de Valencia”.

15. El estudio de la miero-toponimia de las partidas rurales es interesante porque nos ayuda a comprender si ha habido etapas o procesos de roturación, si se cultivan nuevas tierras o se reutilizan para cultivos más rentables,etc.

16. A.P.P.V. n` 19261, notario Gaspar MARTí (1487, agosto 22). El término general de la ciudad de València, dentro del cual se sitúa Godella y Rocafort, comprendía un extenso territorio que tenía sus límites por el norte con las villas de Olocau y Morvedre, en el interior llegaba hasta Xiva y Bunyol y por el sur hasta Alzira y Cullera. Constituye algo así como un alfoz o área de influencia de la capital.

17. Ibídem. Las mismas descripciones aparecen en las otras ventas: A.P.P.V. nº 1.520 (1466, agosto 17) y A.P.P.V. nº 19.254 (1490, octubre 13).

18. A.P.P.V. nº 11.425 (1456, marzo 31).

19. A.P.P.V. nº 11.431 (1458, junio 30)

20. Ibídem (1458, abril 14).

21. A.P.P.V. nº 11.429 (1452, febrero 25).

22. Ibídem (1453, octubre 18). El oficio de panadero, “flaquer” en la documentación, tiene más trascendencia de la que pudiera pensarse, pues se dedica generalmente al comercio -a gran escala incluso- de todo tipo de productos alimenticios y de esclavos.

23. A.P.P.V. nº 1.520 (1466, febrero 24)

24. IRADIEL, P. (1989) “L’Evolució económica” en De la Conquesta a la Federació Hispanica, Historia del País Valenciá, 11, Barcelona, Edicions 62, p. 178.

25. En zonas de riego de] sur (Alacant, Eix, etc.) el derecho al agua, por el contrario, estaba separado de la parcela, y los dos se podían vender independientemente. Vid. GLICK, T. F. (1988) Regadío v sociedad en la Valencia medieval. Valéncia, Del Cenia al Segura, pp. 158-160.

26. En el caso de algunos huertos. una vez regados, el agua debía volver al braça d’escorriment intentando que no se inundasen campos ni caminos vecinos, lo que producía serios conflictos entre usuarios.

27. En otras zonas de¡ país que regaban de una sola acequia, como era el caso de Castelló, Borriana y Oriola, ésta era propiedad de la villa y adminstrada por el Consell municipal. La villa asumía el papel de la comunidad de regantes. El riego perdía su independencia jurisdiccional y se subordinaba a la jurisdicción municipal.

28. A.P.P.V. nº 11429 (1455, octubre 11 ). Asegurarse el futuro a través de las “pensiones” censalistas era recurso bastante común. sobre todo para las numerosas viudas de la sociedad bajomedieval. En muchos casos podía ser más rentable -y por supuesto mas cómodo- que el arrendamiento de las tierras del difunto marido.

29. Ibídem (1452, febrero 23).

30. A.P.P.V. nº 11.434 (1467, julio 25). si la condición no es aceptada por el yerno, no se dotará a la hija con la casa y el huerto, sino sólo con 15 libras en dinero.

 
< Anterior   Siguiente >